Mis hijos y mi Esclerosis Múltiple

Mis hijos y mi Amiga Esclerosis Múltiple

Mis hijos y mi Esclerosis Múltiple tienen una relación marcada por un antes y un después de mi diagnóstico.

Tengo dos hijos maravillosos que nacieron antes de saber que tengo Esclerosis Múltiple. Mi intención es poder contarte nuestra relación de manera positiva, con altos y bajos en nuestro día a día, como es normal, con o sin EM.

Antes de mi diagnóstico:

Me he sentido en muchos momentos “mala madre”, duro pensarlo. Creo que no pude disfrutar de ellos como requería un momento tan bonito y único. Mi estrés, sistema cognitivo, emociones, síntomas y trabajo, ocupaban más de lo que deseaba en mi mente. Lamentablemente, ellos  y mi marido, sufrían todo conmigo 🙁

Los niños son puros, mis hijos son un fiel ejemplo. No se dan cuenta de estas cosas que yo percibo como madre. Siempre tienen ese “Mami eres la mejor” en sus expresiones que me emociona tanto. Gracias a Dios, la Esclerosis Múltiple no es hereditaria. Las posibilidades de que mis hijos tengan EM es muy baja, aun así, ahí está, como madre me partiría el corazón.

Mi diagnóstico vino cuando tenían 7 y 4 años:

Después de enterarme de mi nueva compañía, no sabía si debía decírselo a mis hijos. Decidimos, mi marido y yo, hablar con una psicóloga especializada. Su respuesta fue rotunda: “no”. Los niños no podrían entender el significado de “Esclerosis Múltiple“.

Conociendo la opinión de Loretta, la psicóloga, enfoqué todo a hablar con naturalidad de algo que ellos veían en mi día a día, mis dolores musculares y mis “dolores de cabeza”, como ellos le llaman. También charlamos sobre mis tratamientos ya que voy a menudo al hospital y ellos lo saben. Lo han entendido como algo que no es bonito, ni bueno, simplemente, requiere responsabilidades extra que asumen de buen agrado y les ha hecho madurar de una manera diferente al resto de sus amigos.

A día de hoy, todo está digerido. Mis hijos están más cómodos y yo también.

La Esclerosis Múltiple nos está enseñando a:

  1. Querernos mejor. Aportándonos, entendiéndonos y compartiendo.

  2. Saber que la vida no es un camino de rosas. El esfuerzo y la esperanza son parte de nuestra vida.

  3. Respetar y aceptar a los demás, tanto a familiares como a personas. Con sus emociones y sentimientos.

  4. Ayudar sin esperar nada a cambio.

  5. Pedir ayuda. En equipo todo sale mucho mejor y compartimos muchos momentos entrañables.

  6. La tristeza es una emoción más. Debemos luchar para continuar evitando perder la sonrisa.

  7. Ser autosufientes si yo no estoy o no puedo aportar algo.

  8. Ser más positivos y aceptarnos como somos, así como las situaciones como vienen.

  9. Aprovechar y saborear al máximo los buenos momentos, los minutos 🙂

  10. Mayor empatía hacia la familia y nuestro entorno.

  11. La vida tiene un valor infinito. Aprovecharla a tope, juntos y con los demás.

  12. El buen humor hace que la EM se lleve mucho mejor.

  13. Tener paciencia siempre: con mi EM, conmigo y entre nosotros. Incluso, con la propia sociedad.

  14. A ser mejor persona.

  15. Ser agradecidos.

  16. Aceptar la EM como fiel e impredecible compañía, hasta que la ciencia avance.

  17. Apoyarnos los unos en los otros.

  18. Valorar y priorizar lo realmente importante.

  19. Fortaleza ante lo poco favorable.

Actualmente, nuestra relación es muy positiva, inmejorable y hemos aprendido mucho juntos.

Muchas veces, me preguntan si hubiera tenido hijos sabiendo que tengo Esclerosis Múltiple. Pues sí. No podría renunciar a tener el regalo más importante de la vida y de mi marido, mis hijos. El poder del deseo por ser madre lo vence todo.

Conclusión: Con EM se puede llevar una vida normal y criar a nuestros hijos. Ahora que, si ya es duro de por si, con EM lo es mucho más. Para mí, especialmente por el miedo a la mínima posibilidad hereditaria.

Os mando un abrazo fuerte y, ¡Hasta pronto!

E.M